marzo 08, 2009

Conciencia ética ciudadana a la baja.

Hoy en "El Mercurio" en la columna de opinión de Carlos Peña, éste hace referencia a un asunto que pocos tienen entre sus prioridades, y que, por lo mismo, es muy positivo que de cuando en cuando alguien levante su voz para recordarnoslo, es la "conciencia ética ciudadana", que como todos sabemos no solo está a la baja (para usar un término del mundo económico, que está muy actual a propósito de la crisis), si no que nunca a estado al alza. Bueno, el rector de la Universidad Diego Portales, se refiere a la muy probable ocupación de la presidencia del senado de la república por parte de Jovino Novoa, actual senador por santiago poniente, y un actor relevante durante el período más violento de la dictadura de Pinochet: "El asunto es aún más incomprensible si se tiene en cuenta que hay, además, un poderoso motivo para excluir a Jovino Novoa de tan alto cargo: él fue (entre los años 1979 y 1982, nada menos) subsecretario de una dictadura que en ese mismo período violó persistente y gravemente los derechos humanos y respecto de esa parte de la historia suya, y de todos, él no ha hecho otra cosa que guardar público silencio."
La falta de una conciencia ética ciudadana fue condenada hace 25 siglos por Platón cuando se condenó a Sócrates en Atenas y sus ciudadanos no tuvieron ninguna objeción y siguieron su vida como si nada hubiese ocurrido. La historia está plagada de hechos de esta naturaleza, y por desgracia en nuestro país del 2009 estamos próximos a demostrar en forma clara nuestra falta de conciencia ética.
Como se debe actuar en tales casos?, el columnista nos recuerda dos casos emblemáticos:
"Willy Brandt dimitió cuando se supo que su secretaria había sido, a sus espaldas, espía de la hoy difunta Alemania Oriental; Kurt Waldheim fue declarado persona no grata en muchos países cuando se supo que había servido en una división paramilitar de los nazis y se negó a admitir que sabía de los crímenes en Salónica; y todo eso sin imaginar siquiera lo que ocurriría en Estados Unidos donde ya no los actos, sino las simples opiniones hostiles a la democracia son derogatorias de cualquier futuro político y de cualquier carrera estatal."

Se trata deun error, solo explicable en una sociedad donde la ética ocupa un lugar irrelevante, donde los grupos de elite de la misma, cuidando que se hegemonía corra peligro, llegan a este tipo de acuerdos en defensa de sus intereses, y su supervivencia.

Toda dictadura es condenable, y hoy asistimos a la extraña evolución del caso cubano, que nos trae el recuerdo de lo que les pasa a quienes osan ir en contra de ellas.



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