octubre 31, 2015

Ontología de la persona. I Parte

Los seres humanos tenemos una forma común de ser, que nos distingue de otros seres vivos. Sin embargo, esa forma común de ser no se manifiesta de igual manera en cada uno de los individuos,  permite una gran diversidad de formas de llevarse a la práctica. Es decir, podemos ser humanos de infinitas maneras. La forma particular de ser que nos caracteriza como individuos es lo que se llama la “persona”, ésta representa nuestra forma particular de ser humanos.

De acuerdo a lo anterior resulta legítimo preguntarse qué hace a los humanos ser como son…

Si examinamos la historia de las ideas, las respuestas han sido muchas. Hace más de dos mil años Aristóteles sostenía que el ser humano era un animal político. Sin embargo también parece legítimo afirmar que éste es un animal poético, un ser religioso, etc., la lista es muy extensa.
De esa extensa lista, se ha buscado una característica que sea la base sobre la cual se desarrollan las demás. En la búsqueda de esta condición primaria, la interpretación más aceptada ha sido la que señala que los seres humanos somos animales racionales. Este postulado fundamental ha adquirido diversas formas, conciencia, mente, espíritu, alma, etc., todos los cuales se pueden considerar dentro o producto de este planteamiento que nos caracteriza como seres racionales. La razón estaría en la base de todas esas variedades de interpretaciones sobre la esencia del ser humano, es decir, opera como condición fundamental, a partir de la cual se derivan todas las demás. Tiene sentido afirmar que podemos llegar a ser poetas, políticos, filósofos, etc., porque estamos dotados de razón.

Sin embargo, está explicación puede ser cuestionada pues presenta algunos problemas importantes. En primer término, no aclara cómo se generó la racionalidad que nos caracteriza, es decir, de dónde viene esta condición base. Por otro lado, se induce a una comprensión racionalista del ser humano, y con ello deja fuera aspectos relevantes de la acción humana, que muestran a los individuos actuando de una manera no racional, sino más bien haciéndolo de forma automática, producto de que la mayoría de nuestras acciones se repiten en nuestro día a día. La racionalidad, en este diario vivir, solo aparece cuando se produce un quiebre, cuando algo se sale de lo normal y nos hace reaccionar.

Desde la biología ha surgido una explicación distinta respecto a la idea de que lo que nos define como seres humanos es la razón.

El biólogo teórico, Ernst Mayr, en 1963 en su libro “ Animal Species and Evolution”, postula que un paso evolutivo importante dado por nuestros antepasados los Homínidos fue el bipedalismo, es decir, la adopción de la posición erguida, que habría sido la que permitió a los primates caminar en dos patas, y lo que posibilitó el uso de las manos para manipular herramientas, para manejar armas de defensa y ataque (palos y rocas) y también para transportar alimentos.

Más adelante Mayr se refiere a lo que él considera el rasgo constitutivo que caracteriza a los seres humanos:
“la capacidad de hablar es la característica humana más distintiva, y es bastante probable que el habla sea la invención clave que gatillara el paso desde el homínido al hombre. Permitió la estructura comunitaria y le permitió al hombre convertirse en un organismo verdaderamente social. Como tal, el hombre desarrolló la necesidad de mecanismos que promovieran la homeostasis social, los derechos comunales, los mitos y creencias y, finalmente, las religiones primitivas”.

El postulado de Mayr es que, desde un punto de vista evolutivo, puede considerarse al lenguaje como la transformación clave que permitió el surgimiento y posterior desarrollo de los seres humanos.

Lo relevante de este postulado es que nos permite, también, explicar la emergencia de los fenómenos mentales. La razón, la mente, la conciencia, el alma, etc., pertenecen al proceso evolutivo. El postulado, que sitúa al lenguaje en el centro de la comprensión de los seres humanos, ha sido desarrollado en gran profundidad por otros biólogos, entre los que está Humberto Maturana, que lo considera la piedra angular de su biología.

La ontología del lenguaje se desarrolla a partir de esta propuesta, cuyo postulado central es que aquello que constituye a los seres humanos, lo que los hace ser el tipo de seres que son, es el lenguaje. Los seres humanos, son seres lingüísticos, seres que viven en el lenguaje. A partir de esta perspectiva es analizado qué es la persona.


Comprensión tradicional de la persona.

Tradicionalmente se entiende a la persona con unas determinadas características o propiedades fijas, se nos dice que “somos” de una manera y que de acuerdo a eso se puede esperar cómo actuaremos en general.  Es decir “actuamos de acuerdo a como somos”. Esta interpretación de la persona, llamada psicología metafísica, asume que poseemos una forma particular de ser que nos define, que es inmutable y tiene su esencia en lo profundo de nuestro ser y que hagamos lo que hagamos siempre nos determinará en nuestras acciones. Podrán cambiar algunos atributos pero no nuestro ser, el que siempre permanecerá igual.

Sin negar esta forma tradicional de interpretar a la persona, que nos ayuda a conocerlas de acuerdo a cómo han actuado, debemos sin embargo hacer una reinterpretación crítica de dicha forma de caracterizar a las personas.

Cuando caracterizamos a alguien, y de decimos por ejemplo, "Jorge es tímido" o "María es muy amable", lo que en realidad estamos haciendo es emitir un juicio a partir de una o unas acciones observadas sobre estas personas. Los juicios, como sabemos, no describen, puesto que son afirmaciones, ellos adscriben propiedades a una persona. Además los juicios pueden ser fundados o infundados, por lo que no se pueden emitir muy livianamente.

 Esto produce una confusión, ya que a partir de una acción particular, que siempre tiene lugar en un momento determinado y dentro de un dominio específico, se induce a hacer una conclusión general que nos lleva a hablar de "la forma de ser" permanente de una persona. Es decir, nos lleva a asociar lo particular con lo permanente e inmutable, lo que claramente es un error de interpretación. Lo anterior, suponer saber cómo son las personas, lleva a la conclusión de que podemos predecir cómo éstas actuarán en el futuro, en definitiva lo que se puede esperar de ellas. 

Continúa...


Reseña del capitulo 10 de "Ontología del Lenguaje" de Rafael Echeverria.


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